Flamenco Caballero

FLAMENCO CABALLERO


Ángel Vela

Por aquello de que los títulos han de ser concisos y no como de vez en cuando hacen los norteamericanos, nos quedamos con éste, nada original, para anunciar que hablaremos, claro, de un noble cantaor, pero enseguida hay que aclarar que se trata de un caballero de la orden del magisterio y la amistad, de la vida y la justicia, de la pulcritud, elegancia y saber estar, noblezas que no escribo con mayúsculas como correspondería porque Luis Caballero Polo ("Petronio de la elegancia", "Patricio de la Plazuela Santa Ana") por su manera de sentir y su convencimiento, sabe de los frágiles que son todas las pompas desde que "valet de chambre" (Luis no se enfada si traduzco por "criado de huésped ricos") en aquella gran casa de las vanidades antes, durante y después de los famosos cuarenta años, que fue el Hotel Alfonso XIII, "El Pala", como lo nombra él.

Siendo como es de sangre de bandoleros generosos "de caballo, manta y trabuco" (Juan Caballero), descendiente directo de aquellos Caballeros a los que se dedicó la calle Procurador antes de que tuviera este nombre, vástago de luchadores contra la injusticia caciquil; habiendo sufrido hambre y cárcel por sus ideas sobre el ser humano, conociendo, porque lo vio, el filo de la guadaña... pues parece un lord inglés, un privilegiado de la Naturaleza que mantiene secreto pacto con los demonios de la edad; es, seguro, el cantaor que ningún extranjero se llevaría fotografiado como souvenir porque fuera es difícil entender que el flamenco dé tipos con esta "facha", y mucho menos se les podría hablar de él ya que desconfiarían ante tanta cultura y exquisitez. Es casi imposible encontrar un flamenco que conozca también la miseria y el lujo, el infierno y la gloria y, sobre todo, que entienda con tanta clarividencia el machadiano lema (aunque él es lorquiano) de que la vida es hacer caminos, pero caminos con aromas de marca que atraigan, caminos como calles rotuladas para que los que vengan detrás puedan elegir dónde desembocar el suyo propio.

Luis nació mientras se aventaban las banderas blancas de la Primera Guerra Mundial; cuando el 36 estalla en partículas mortíferas es un muchachillo soñador del pueblo minero de Aznalcóllar aficionado a la lectura, al cine y al flamenco, que se ve arrastrado por la fuerza del odio y la sinrazón con extrema y desconcertante violencia. Luis se forja como hombre en la miseria, de penal en penal, sin saber qué ha pasado ni qué pasará con su tiempo. Gracias a que encantó por seguiriyas al encapuchado de la guadaña, el mundo del cante pudo posteriormente disfrutar de su sensibilidad artística y nosotros de su presencia, ejemplo y amistad. "Salvado por el cante", así podría resumirse su trayectoria vital. Pero como esta página no da ni para el anuncio de un capítulo de su historia, remitimos a quienes deseen conocer mejor a nuestro ilustre personaje a un libro autobiográfico subtitulado "Por entre la paz, la guerra y el cante", lo que ya dice suficiente de su interés. Comprobarán que no exageramos ni un ápice.

Aunque naciera en Aznalcóllar y viva actualmente en Mairena el Aljarafe, como quien dice en la provincia de Triana, Luis se engalana por haber sentido durante un época especialmente receptiva de su espíritu lo que era vivir bajo los influjos calés de la plazuela de Santa Ana, allí mismo donde el sol dibuja otra torre cada mañana. En la casa de su hermana tuvo habitación, sobre el mismísimo "Bar Sánchez". Allí escuchó cantar a la Triana rancia de vuelta de la fiesta, camino de los patios, con dos copas haciendo palmas en las entrañas y ganas de convocar a los duendes. Desde allí, salía para ponerse frente a la voz de Joaquín Ballesteros, de El Sordillo o de Manolo Oliver, en las tabernas de la calle Castilla y de la Cava asumió la melodía dulcemente extraña de la soleá que llamaban de los alfareros, un cante distinto en cada voz, un milagro más de su barrio flamenco. Luis domina los estilos trianeros como no podía ser menos después de lo que llevamos apuntado y las armas y expone en su repertorio de cantaor aficionado, porque, para quien no lo sepa, hay que añadir que no es, ni fue nunca, profesional; primero, porque entendió que las habichuelas estaban más asequibles y seguras entre las deshechas habitaciones de un hotel de lujo y, segundo, porque era consciente de que su "instrumento" podría, bien es verdad que pocas veces fue así, gastarle bromas improcedentes. La verdad es que con lo que Luis pasó ya es un milagro que pueda cantar, con lo que exige el cante, y mucho más haber conseguido la categoría de maestro.

Creo que es un lujo para Triana y para los que disfrutamos a su sombra que Luis acuda cada sábado a la pequeña tertulia ¿tan pequeña y densa como el propio local- del bar "El Ancla", donde un grupo de amigos bastante "mayores" que él recibimos transfusiones vitales de este "gentleman" que juega, consciente, con todas las lógicas de la materia y que, al fin, ha hecho las paces con su corazón, que a veces se descompasa, para alegría de todos; que saboreamos sus palabras, sus sabrosas anécdotas, sus ayes melodiosos liberados por necesidad imprevista, flecos de cantes contenidos que deja escapar a modo de prueba de fuerza y calidad, ¡Dios!, viéndole, escuchándole, todos queremos ser como Luis Caballero, desembocar nuestro camino en el suyo que es ancha y generosa avenida.

(Cuando escribía estas líneas faltaban sólo horas para que se celebrara uno de los más justos y esperados homenajes a un cantaor que, además, escribe de cante; o sea, maestro por partida doble. Lo han hecho posible la Peña Flamenca Lepanto de su pueblo adoptivo con un José Manuel Mohiño, trianero "enmairenado" entusiasta de la idea; un artista pintor que lo ha retratado por dentro y por fuera para que el cartel del acto sea ejemplar de colección, me refiero a Antonio Badía, e innumerables admiradores de su arte, a más claro, de los generosos profesionales que adornarán con su actuación una noche, seguro, para mantener encendida en la memoria. La sala del Centro Cívico estalló en emociones y, aunque no es el primer reconocimiento público que Luis lleva sobre su alma, éste habrá de constituir un recuerdo muy especial para quien tanto dio por tantos. Enhorabuena).