Luis Caballero Polo

LUIS CABALLERO POLO


José Manuel López Mohiño

Luis Caballero Polo, hijo y nieto de andaluces, nace en 1919 en un pueblo cantaor próximo a Sevilla: Aznalcollar. Con un año de edad sale de él para crecer en el campo de la provincia de Huelva donde ya amanece al cante influido por su natural vocación y el ambiente de soledad y pureza andaluza que lo circunda. De familia cantaora, no profesional, va tomando conocimientos de esta música natural como cosa propia, sencilla y de sentimiento. Tiene ocasión de escuchar cante de viva voz y en las grabadas de los cantaores del ayer.

A los diecisiete años va a cambiar todo en su vida, al tener ocasión de conocer a intelectuales, científicos, artistas, políticos... Formando parte como tenor de ciertos orfeones Cántabros interesándose por el folklore ibérico y la música culta.

En 1.949 frecuenta como cantaor la Sevilla flamenca, quedándose a vivir en ella con su hermano político Pepe Aznalcollar, deambulando como cantaor por los lugares flamencos más históricos de la ciudad. Gana algún concurso radiofónico. Pasa a vivir en el corazón de la Triana más flamenca donde aprende día a día.

En 1.951 forma pareja con el Dr. Rafael Belmonte en Radio Nacional para comenzar un programa de flamenco que durará años. Organiza una reunión semanal de cante en Triana. Ilustra conferencias, ofrece recitales, explicando los cantes por universidades, institutos, colegios, etc. Escribe de cante para la prensa. Por votación popular lo nombran "Famoso de Sevilla 1968".

Fundador de la célebre Tertulia Flamenca de Radio Sevilla, en donde crea con Antonio Maicena y Naranjito de Triana la famosa "Misa Flamenca en Sevilla", la primera que se cantó en la iglesia, representando a España en el 25 Congreso Mundial de las Juventudes Musicales del año 1971 en Florencia con un éxito de relieve internacional, por lo que le conceden el "Premio Ondas".

Con esta prestigiada misa lo envía la Real Academia de Bellas Artes a Puerto Rico en 1.972. Premio Nacional de Saetas. Uno de los primeros cantaores que intervienen en TVE repetidas veces, destacando en los cortometrajes "Rito y Geografía del baile" con el papel de Silverio Franconetti y con el de Chacón en "La Rubia y el Canario".

Distinguido con la insignia de oro de múltiples entidades flamencas. Autor del libro "¿Somos o no somos andaluces?" y el publicado en el 1992 "Por entre la paz, la guerra y el cante". Presta una especial dedicación a la conferencia-recital y a las colaboraciones radiofónicas, visitando Hispanoamérica intermitentemente.

Conferencias y recitales les son solicitados en todas las Peñas para sus Semanas Culturales; recibe homenajes y participa en mesas redondas donde expone con claridad sus conceptos expresivos del Cante.

El día 8 de Diciembre de 1998 sufre el golpe irreparable por la falta de su esposa Encarna, empezando para él un nuevo camino de tristeza. Hombre pleno de sensibilidad es ayudado en el día a día por una tertulia de compañeros que existe en Triana, donde desde hace años se reúnen: ritual cita de los sábados en el "Bar El Ancla" en la Cava de los Civiles.

Su último libro ha sido el titulado: HISTORIA DE FLAMENCOS - FLAMENCOS DE HISTORIA Y SEVILLA ENTRE OTRAS DIVAGACIONES FLAMENCAS.

La idea de resaltar la figura de Luis Caballero no es nueva. Han tenido que concurrir una serie de circunstancias y avatares que diríamos hasta íntimos, para coincidir en el punto central del pensamiento para llevar a cabo nuestras pretensiones, estas no son otras que el resaltar la tarea de su dilatada vida. No queremos decir con esto lo que él cree: que es debido a su edad, ya que sigue siendo eternamente joven y la edad da un sabor dulce como el almíbar de la fruta madura.

Estamos en la obligación de dejar testimonio histórico de la labor realzada en pro del flamenco y caso insólito el que se da en él al no haber profesionalizado la expresión artística del sentir de un pueblo. Tendríamos que preguntarnos el porqué: ¿es que Luis Caballero, al no estar inmerso en el mundo profesional del flamenco no se merece la distinción de tener el reconocimiento público de su obra?.

Busquemos las respuestas: es indudable que al no haber practicado el profesionalismo y no vivir del cante se aparta de la fama, de ser más nombrado de lo que es.

Por saber escribir entra en competencia con otros y en consecuencia se queda en una zona de nadie, solamente suya. Porque ningún cantaor va a valorar más a un compañero y ningún escritor va a valorar a otro. Cosa lógica y natural dentro del profesionalismo, en el cual se establece la lucha de expresión artística y la del pensamiento en la literatura.

Luis Caballero sobresale por encima de muchos sin hacer uso del narcisismo para destacar su valía, pero al no poner en práctica la competencia de ser profesional queda relegado a otro plano sin ser menos importante. Es ahí en ese lugar, ni sol ni sombra, donde él se encuentra, donde reside la grandeza humana de su comportamiento. Pero esta situación carente de total narcisismo y sí de una gran personalidad anteponiendo los valores de su pensamiento solidario, sus ideales, su forma de ser andaluz; del sentir como un hombre del pueblo. Por su concepción humanista de la vida él es importante, aunque a muchos no se lo parezca por no conocerlo.

La conjunción de estos valores, sencillez y humanidad, no se encuadran en la lucha egoísta y personalista, a pesar de ser ésta lícita.

Es el fondo de este comportamiento lo que nos guía a rendirle este homenaje en esta revista, sencillo pero diferente a otros por ser de reconocimiento público a nivel mundial.

Hemos intentado penetrar en lo más intimo de su ser. Día a día sus confesiones han sido como descubrir un tesoro oculto. Algunas veces nos hemos sentido un poco avergonzados al andar entre los pensamientos íntimos, pero es necesario sacar a la luz los conocimientos y vivencias de Luis Caballero que han de aportar al legado histórico del Cante algo tan fundamental como es entenderlo en defensa de su territorio, de su forma de manifestar nuestras expresiones más genuinas.

El estar cerca de él es comunión diaria de convivencia, aportando con su sapiente charla unos conocimientos que sería imperdonable dejarlos en el olvido.