BREVE HISTORIA DE ZAMBOMBAS Y PANDERETAS

Manuel Martín Martín.

En estas fechas en la que se celebra la Navidad del Señor, los coros de campanilleros, que han entretejido sus cánticos binarios con el sonar rudimentario de la pandereta, zambomba, triángulo, el cántaro las sonajas y los rascadores, han ido cediendo terreno a los villancicos, con las que se anuncian una de las celebraciones más antiguas del cristianismo. 

De carácter religioso o profano, ya que lo mismo tienen antecedentes en los cantes litúrgicos de la iglesia católica que en los cantares de pastoras y zagalas, como así lo constató Juan Ramón Jiménez, lo cierto es que los villancicos fueron en su origen "cantarsillos de villa y de villanos", como bien dijo Menéndez y Pelayo y en su consecuencia, canciones de origen popular agrario.

Sentado, por tanto, que tomaron el nombre de los canticos, villanos de la Alta Edad Media, estos constituyeron la forma más común de la canción lírica y de la expresión popular, teniendo para algunos tratadistas su origen en Sevilla.

En ese sentido se pronuncia Rodrigo de Zayas, quien encuentra su origen en la moaxaja, forma poética inventada Muqaddam Ibn Muaffa, más conocido como El Ciego de Cabra.

El propio musicólogo atribuye a Fernando Guerrero, nacido en 1528 y maestro de capilla de la Catedral de Sevilla la creación de las villanescas espirituales, germen de los villancicos Navideños y que al parecer eran villancicos con textos a lo divino para que cantaran en lenguaje vulgar y bailaran los niños seises.

Prohibición de Felipe II
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Tal fue la popularidad que tuvieron estas villanescas en Sevilla, que hasta escaparon de la prohibición decretada por Felipe II en 1596 para que no se cantaran en español en las iglesias, privación que volvió a repetirse en 1765 y que el pueblo, el mejor salvaguarda de la tradición, conservó con celo purificador.

Con el advenimiento del humanismo, en el siglo XVI, el villancico como manifestación del sentimiento religioso y popular, va a ocupar una vez más un destacadísimo y predominante papel dentro de la producción lírica, formando parte de las festividades eclesiásticas de la Navidad, composiciones que fueron muy cultivadas por los músicos de los siglos XVII y XVIII.

Y así hasta nuestros días, donde acudimos solícitos ante nuestros "nacimientos", frente a los "pesebres" catalanes o los "belenes" castellanos, incorporando el antiguo cante de los villanos al folclore andaluz.

Empero, antes de llegar a esta absorción, hay que aludir al villancico más cantado en el mundo " Noche de Paz" (Stillenacht), composición que se interpretó por primera vez en el año 1818 en el pueblecito austríaco de Arnsdorf, con letra de sacerdote Joseph Morh y música del maestro de escuela Francisco Javier Gruver, quienes, paradojas de la vida, vivieron hasta el final de sus días en la pobreza más absoluta.

Por lo que hace a los villancicos flamencos, estos aparecen definidos a finales del siglo XIX por grandes maestros del genero -como "El Mellizo", por ejemplo- que los acoplaron a los romances, nanas y tangos, por más que desde el primer tercio de este siglo se labran en la madera noble las bulerías, llegando más tarde a acomodarse a cualquier estilo flamenco como tanguillos, peteneras, malagueñas, fandangos de Huelva, tientos, soleares, serranas y tonás.

Aunque son Sevilla y Jerez, con sus celebres zambombas, los núcleos cantaores de mayor importancia villanciquera, un repaso geográfico nos puede conducir desde los villancicos por verdiales en Málaga a los campanilleros de Pozoblanco, pasando por los estilos propios de Torredelcampo y Andújar, los de Huelva y las cuadrillas almerienses de los auroros o los aguilanderos.

De la discografía, tiempo es de desempolvar los Campanilleros de Manuel Torres y la Niña de la Puebla, o los villancicos de Pepe Pinto, la Paquera, Pericón, Caracol, Manolo Vargas, Adela la Chaqueta, Amós Rodríguez, Fosforito, Manuel Mairena y las recopilaciones de Paco Clavel y Manolo Simón, además de al compás de la Navidad, del sello Senador y la nochebuena flamenca de la Peña Enrique el Mellizo.

Pero para sorprender lo mejor es acudir a Vallejo, Marchena, Canalejas, Camarón o la antología de Rosario López, por má que para los exigentes recomendamos a Pastora Pavón. El Gloria, los cuatro estilos de Antonio Mairena y la serie Así canta nuestra tierra de Navidad editado por la Caja San Fernando.