LA NAVIDAD EN EL FLAMENCO

Alfredo Arrebola.

La Navidad no es solamente tiempo de alegría; hay más cosas, que los cantaores han expresado a través de sus coplas: y una de las características del flamenco es llamar a Dios, o "a su Dios", en lo más profundo de su cante. Increpa a Dios porque no sabe el porqué se muere "sin frío ni canlenturita". ¡Qué maravillosa seguiriya nos dejó el cantaor y poeta anónimo!

Innumerables son las letras que a cada paso nos están hablando de Dios. Porque el andaluz es, no quisiera equivocarme, un San Juan de la Cruz que sube al Monte Carmelo, pero con la alegría de que está viendo a Dios en la misma naturaleza. Por eso, a veces se ha convertido hasta en "panteísta"; y es, en su esencia metafísica, anarquista y místico trascendental.

A través del cante flamenco -y es una experiencia comprobada por mí- el hombre cantaor intenta expresar su acción de gracias por los beneficios que va recibiendo cada día, o bien intenta lograr su liberación purificadora. Y hoy -me parece- quizá más que nunca en que el teomorfismo de lo humano ha superado con creces el antropomorfismo de lo divino. No es que los cantaores flamencos se planteen estos problemas, sino que es la vivencia cantaora la que les impulsa sentir así, pero el cantaor lo expresa a su modo; no lo sabe de otra forma. Fue el mismo gran poeta granadino Federico García Lorca quien nos dejó dicho que Manuel Torre -que no sabía leer ni escribir- era "el hombre de mayor cultura en la sangre" que había conocido. Así lo dejó reflejado en su trascendental conferencia "Teoría y juego del duende". Si en el Portal de Belén fueron los ángeles quienes entonaron el "Gloria in Excelsis Deo et in terra pax hominibus", podemos comparar cómo el cantaor flamenco ha sabido lanzar a los cuatro vientos su salmo -como otro David- una letra en la misma línea de los ángeles. Así nos lo confirma la historia flamenca:

"Gloria a Dios en las alturas,
paz y alegría en la tierra
a toda humana criatura,
cese en el mundo la guerra
que el amor y la ternura
la ira y el mal destierran."

Esta letra la grabó el cantaor gaditano Pericón de Cádiz por Peteneras. Es una maravilla la dulzura, el sentimiento y el buen decir del cantaor. No puedo olvidarme de mi condición de andaluz y cantaor, porque Andalucía ha entonado desde siempre los mejores villancicos flamencos. Pero no sólo en villancicos se puede interpretar la Navidad, sino en toda la gama de cantes: Grandes y Chicos, si es que se puede admitir esta división, que arranca de José Carlos de Luna. Con los villancicos flamencos se puede hacer una auténtica antología del cante andaluz. Y no existe atrevimiento alguno en ello, puesto que la Iglesia aceptó y se sirvió siempre de los más dispares valores estéticos, enriqueciendo su patrimonio con el arte de todos los pueblos. Por otra parte, la Navidad condensa en sus episodios una transida gama de emociones -alegría y júbilo, angustia y soledad, ternura y amor - que encuentran paralelamente en los distintos estilos del cante andaluz, tan rico en sentimiento, hondura y perfume, su expresión más certera y diáfana. Por su parte, el cante flamenco -según creo yo- adquiere su dimensión más profunda al impregnarse de emoción religiosa. ¿Cuándo más puede acercarse, aproximarse a la divinidad que cuando se le canta con su alegría o su misma pena?. Pienso que es el mejor momento con el que el hombre se identifica con la divinidad.

Andalucía, entera ha cantado a la Navidad. Desde Linares a Andújar, donde hay una riquísima tradición, hasta Ayamonte, el cante flamenco celebra la Navidad con sus cantes por Villancicos y Campanillero, que están rebosantes de alegría. Los centros cantaores de villancicos han sido Sevilla y Jerez de la Frontera. Los villancicos cuentan con egregios nombre del cante flamenco. En Jerez hay que destacar los hermanos "Niño Gloria" y "La Pompi". Cabe destacar también al gran cantaor jerezano Manuel Torre. Sus villancicos y campanilleros se destacan por su "Jondura y rajo".

Sevilla tuvo grandes intérpretes de villancicos: Tomás Pavón y su hermana "Niña de los Peines", Manuel Vallejo, Antonio el Sevillano, Antonio Mairena. Fue con Pastora Pavón "Niña de los Peines" con quien el villancico adquirió su máxima intensidad festera. Porque el"Niño Gloria" lo interpretaba con dulzura, Manuel Torre con elevación de arte mayor... pero nadie acertó a infundirles la alegría, el movimiento, la gracia arrebatadora de la Niña de los Peines.

En Cádiz hay que destacar a los cantaores: Manolo Vargas, Pericón de Cádiz, Aurelio Sellé y Niño del Solano, etc. Los cantes de Cádiz, con la gracia y profundidad que los caracteriza, han sabido insuflar su gracia a los villancicos. Estos son cantados por todos los estilos: Tientos, Alegrías, Malagueñas... Y no hay herejía en ello. El núcleo jiennense es muy interesante por su abundancia y variedad literaria. Para un flamenco exigente, los villancicos de Linares y Andújar, suenan a folklore más que a otra cosa, es decir, constituyen un ejemplo de flamenco regional o relajado vagamente, influido por el flamenco auténtico que es el sevillano y gaditano. Pero no dejan de tener su importancia a la hora de hablar del Flamenco en la Navidad.

Para ser sinceros, a la ora de enjuiciar el Flamenco en la Navidad, hay que partir de la base que el cante que mejor le va es la Bulería y las Nanas, pero sobre todo predomina el Cante Festero, es decir, la Bulería. Puede ser que el mismo hecho de la Fiesta, que conmemoramos, haya contribuido a que se fijen más los cantes navideños en Villancicos y Bulerías. Debe destacarse que en la Bulería cabe todo, desde la tragedia hasta lo cómico. Sin embargo, cantaores modernos han ensayado poner los cantes de Navidad por otros estilos más serio. Soleá, Malagueña, Caña, Tientos, Alegrías, y Serranas, Fandangos de Huelva y Verdiales de los montes de Málaga, y el caso es que ha sido un verdadero triunfo.

Debemos anotar un hecho muy curioso, que estaría su explicación en la historia y religiosidad del pueblo gitano. El número de las letras de villancicos es innumerable, con la particularidad -y aquí está lo anecdótico- de que a la Virgen siempre se la considera "gitana"; en cambio, San José es siempre "payo".

Con las letras de los villancicos flamencos se podría hacer un voluminoso cancionero. El alma del pueblo andaluz se ve reflejada en sus cantares. Y estos los han puesto siempre los cantaores flamencos a los pies de la Virgen María, San José y el Niño, que se hace Hombre para salvar al hombre. Hay una letra flamenca muy significativa que nos narra, precisamente, esta generosidad divina con los hombres. Reza así.

Esta noche ha de nacer
Manolito de Jesús
para morir por el hombre
enclavado en una cruz.